No entendía por qué me sentía tan mal. Al fin y al cabo, siempre había sabido que aquello iba a acabar pasando tarde o temprano, pero él nunca había tenido una reacción como ésa, jamás se había venido abajo mostrando toda la intensidad de su angustia. Su dolor seguía hiriéndome en lo más hondo del pecho. Otra pena acompañaba al dolor. Por no ser capaz de dejarlo marchar con serenidad, sabiendo que era lo correcto, que no quedaba otra salida.Era una egoísta, hería a todo el mundo. Torturaba a aquellos a quienes amaba, pero a partir de ahora tendría que hacer lo correcto, no podía tenerles a los dos.Yo no debía volver a ser el motivo por el que esa mirada asomara a sus ojos.Un nuevo sollozo irrumpió en mi pecho, hoy estaba haciendo daño a todo el mundo. ¿Acaso debía perjudicar a todo aquel que tocara?¿Soy un monstruo?Un monstruo de los que dañan a la gente. Esa clase de monstruos que no conocen límites para conseguir lo que quieren.