Lo nuestro duró lo que duran dos peces de hielo en un güisqui on the rocks, en vez de fingir, o estrellarme una copa de celos, le dio por reír. Esta vez, yo quería quererlo querer y él no. Así que se fue, me dejó el corazón en los huesos y yo de rodillas. Lo fui, poco a poco, dando por perdido. Tanto lo quería que tardé en aprender a olvidarlo diecinueve días y quinientas noches. Dijo hola y adiós y el portazo sonó como un signo de interrogación, sospecho que así se vengaba a través del olvido. Siempre tuvo la frente muy alta, la lengua muy larga y me abandonó, como se abandonan los zapatos viejos, destrozó el cristal de mis gafas de lejos, sacó del espejo su vivo retrato.